jueves, 4 de marzo de 2010

EL VALOR DE UNA PALABRA

En mi aula había compañero de clases que era un adicto a las drogas, la mayor parte del tiempo se encontraba drogado, algunos de los compañeros de clases hacían escarnio de su situación y de su bajo rendimiento. Un buen día el profesor de matemáticas, bromista él, escribió en la pizarra una ecuación matemática que ocupaba casi toda la pizarra y de una altísima dificultad para resolverla, en medio del silencio del aula, el profesor dijo: “quien resuelva esta ecuación le pongo 20 y exonero del curso”, todos se miraban entre si, pues la oportunidad era tentadora y ninguno de nosotros se atrevía a resolver la ecuación, todos miraban a “los cerebros” de la clases, quienes asustados casi se escondían en sus escritorios. Cuando de repente una mano levantada al final del aula, era el compañero adicto a las drogas, de inmediato todo el aula se soltó en la carcajada lanzándole las frases de siempre haciendo a alusión a su drogadicción, sin mediar palabra se levanto de su asiento se dirigió a la pizarra, y comenzó a escribir líneas de líneas de líneas, mientras escribía las carcajadas y las frases comenzaron a cesar, hasta que finalmente escribió el punto final de la expresión. El profesor atónito con la respuesta en un largo papel en la mano solo dijo: “está bien, es la respuesta”. Mientras nuestro compañero volteo para retornar a su asiento, uno a uno de nosotros nos fuimos parando, y con un fuerte e interminable aplauso acompañamos su recorrido hacia su asiento. Al día siguiente, no llegó a clases…. Y nunca más supimos a saber de él. Pasados muchos años y de una forma casual lo encontré en una oficina pública, supe que era el porqué el dependiente lo llamo por su nombre y apellidos, me acerque le dije quien era, y se sonrió y me dijo: “ese aplauso me devolvió la vida”. Ya más tranquilos me conto, que nuestra demostración de afecto le hizo pensar que era valioso y que podía cambiar su vida, estuvo casi 5 años en tratamiento de rehabilitación.
En este momento pensé cuántas vidas se pueden recuperar con un pequeño gesto de aliento, y cuantas otras se destruyen con el desprecio; cuanto poder tiene nuestros gestos como padre o maestros, cuantas supuestas vidas perdidas o carreras perdidas podemos recuperar con un gesto amable o palabra de aliento.

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